Aproximarse al universo de Pablo Alonso implica asumir un riesgo. El riesgo de ingresar en una zona de lucidez implacable, donde las cosas no son lo que parecen. La mirada del artista transfigura lo que toca. El entorno cotidiano se puebla de imágenes de resonancias oníricas. El paisaje marítimo emerge en la ciudad. La ciudad es irreal, de otro mundo.
Ingresar a los paisajes pictóricos de este artista es ingresar al cuerpo-mapa de lo que no tiene nombre, de lo que se evade y pierde. Es entrever la posibilidad de lo imposible. Por eso, ante la puesta en escena de lo desconocido, de lo Perturbador, el espectador debe abandonar la plácida actitud del que meramente mira y aceptar, definitivamente, su ignorancia esencial. Debe avanzar a tientas por una selva oscura y animarse a comprender que la vigilia es otro sueño.
Diego Roel, La Plata, septiembre de 2011.
Ingresar a los paisajes pictóricos de este artista es ingresar al cuerpo-mapa de lo que no tiene nombre, de lo que se evade y pierde. Es entrever la posibilidad de lo imposible. Por eso, ante la puesta en escena de lo desconocido, de lo Perturbador, el espectador debe abandonar la plácida actitud del que meramente mira y aceptar, definitivamente, su ignorancia esencial. Debe avanzar a tientas por una selva oscura y animarse a comprender que la vigilia es otro sueño.
Diego Roel, La Plata, septiembre de 2011.